Antes de la primera visita oficial del presidente surcoreano, Lee Jae-myung, a la Casa Blanca, Donald Trump lanzó un inesperado ataque contra Corea del Sur en redes sociales, denunciando lo que llamó una “Purga o Revolución” relacionada con allanamientos en iglesias. Horas después, en la Oficina Oval, suavizó sus críticas y afirmó que todo podría tratarse de un malentendido, mientras destacaba que ambos comparten visión sobre la diplomacia con Corea del Norte.
Durante el encuentro, Lee elogió profusamente a Trump, destacando que ha convertido a Estados Unidos “no solo en un guardián de la paz, sino en un hacedor de paz”. Entre bromas y declaraciones, mencionó incluso la posibilidad de una Trump Tower en Corea del Norte y jugar golf allí, en un gesto que mostró cercanía con su anfitrión.
Trump, por su parte, reiteró su interés en reunirse nuevamente con Kim Jong Un y en avanzar hacia la “desnuclearización pacífica de la península de Corea”. El presidente estadounidense se mostró satisfecho con el enfoque pragmático y diplomático del líder surcoreano, quien reemplazó a Yoon Suk Yeol tras la destitución de este último.
Al cierre de la visita, Lee destacó la importancia de una alianza más “recíproca y orientada al futuro” entre Corea del Sur y Estados Unidos, mientras los observadores internacionales valoran la inesperada combinación de críticas y elogios en un solo día de diplomacia, que refleja la compleja relación entre los dos aliados.