Por Redacción Contra Réplica

Fernández Noroña y “Alito” Moreno se enfrentan en plena sesión

Un altercado entre legisladores del PRI y Morena marcó la última sesión de la Comisión Permanente en el Senado, captado en video y difundido en redes sociales.

Durante la reciente sesión de la Comisión Permanente en el Senado, se registró un incidente que involucró al presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noroña, y al senador priista Alejandro “Alito” Moreno, desatando un conflicto físico y verbal dentro del recinto. El altercado ocurrió mientras se entonaba el himno nacional, cuando Moreno reclamó el uso de la palabra y el intercambio de empujones se hizo evidente frente a otros legisladores.

Las imágenes difundidas muestran a Moreno tocando a Noroña y exigiendo la palabra, mientras el morenista le solicita mantener la compostura y esperar el término del himno. Al finalizar el acto, la confrontación escaló, con empujones y forcejeos que pusieron en riesgo la estabilidad física de Fernández Noroña. Senadores y diputados intervinieron para separar a los implicados, pero la tensión continuó por varios minutos en la tribuna.

El conflicto no se limitó a Noroña y Moreno. Durante el intercambio, el diputado priista Carlos Gutiérrez Mancilla propinó un golpe al presidente del Senado cuando intentaba retirarse, mientras legisladores como Dolores Padierna y Carlos Ramírez Marín intentaron mediar y calmar la situación. Aun así, las acusaciones cruzadas siguieron, con Noroña calificando de “porros” a los legisladores del PRI y denunciando agresiones físicas deliberadas.

El incidente ha generado un debate sobre la conducta de los legisladores y la seguridad dentro del recinto parlamentario, así como sobre los límites de la libertad de expresión en sesiones oficiales. Fernández Noroña señaló que la agresión fue intencional, mientras que miembros del PRI defienden la acción como un malentendido en el marco del debate parlamentario.

Especialistas en política legislativa señalan que este tipo de confrontaciones pone en evidencia la polarización que persiste en el Congreso, y podría derivar en sanciones internas o medidas de control más estrictas para garantizar el orden en futuras sesiones.