Tokio alcanzó este miércoles un récord sin precedentes: diez días consecutivos con temperaturas superiores a los 35°C, de acuerdo con la Agencia Meteorológica de Japón. Desde que comenzaron los registros en 1875, nunca se había documentado una racha de calor extremo de tal magnitud en la capital nipona.
La ciencia apunta con claridad a un culpable: el cambio climático. Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, y Japón lo resiente en carne propia, con los meses de junio y julio más calurosos de su historia y veranos que empatan marcas de temperaturas extremas. A ello se suman otoños inusualmente cálidos que alteran los ritmos naturales del archipiélago.
Las señales del impacto son visibles. Los emblemáticos cerezos, símbolo cultural y turístico de Japón, han comenzado a florecer antes de tiempo o incluso a perder su ciclo debido a la falta de fríos intensos. La nieve del Monte Fuji también se retrasa: el año pasado apareció hasta noviembre, cuando la media histórica la situaba un mes antes.
Mientras Tokio bate récords bajo el sol abrasador, el fenómeno advierte sobre un futuro donde la vida urbana, los paisajes naturales y las tradiciones culturales del país estarán en juego si no se refuerzan con urgencia las acciones globales contra el calentamiento del planeta.