La madrugada del miércoles, Ucrania vivió uno de los bombardeos más intensos de los últimos meses. El ejército ruso lanzó 502 drones y 24 misiles en un ataque coordinado que golpeó varias regiones del país, dejando a más de 30 mil personas sin electricidad y provocando daños a viviendas, infraestructuras civiles y vías férreas.
En Kiev, testigos reportaron explosiones y escucharon la acción de los sistemas antiaéreos que intentaban repeler la ofensiva. Sin embargo, en regiones como Chernigiv y Kirovogrado, los drones impactaron instalaciones esenciales, dejando heridos a trabajadores ferroviarios y generando cortes prolongados en el suministro eléctrico.
El presidente Volodimir Zelenski calificó el ataque como una muestra de “impunidad” por parte de Vladimir Putin, y llamó a la comunidad internacional a responder con mayor contundencia. La ofensiva coincidió con la visita del líder ruso a Pekín, donde participó en un desfile militar junto al presidente chino, Xi Jinping, y el mandatario norcoreano, Kim Jong-un.
Desde febrero de 2022, cuando inició la invasión, Ucrania ha enfrentado ataques aéreos casi diarios. Sin embargo, la magnitud de esta embestida reafirma la estrategia de Moscú de apuntar contra infraestructuras clave, incrementando la vulnerabilidad de la población civil en pleno conflicto prolongado.