En un discurso poco común ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Corea del Norte reiteró este lunes que no abandonará su condición de potencia nuclear bajo ninguna circunstancia. La postura fue expresada por Kim Son Gyong, viceministro de Relaciones Exteriores, quien defendió que el programa nuclear norcoreano constituye una garantía de supervivencia y un componente esencial de su identidad soberana.
El funcionario recordó que, desde 2022, Pyongyang declaró su estatus nuclear como “irreversible” y que, un año después, esta condición fue incorporada a la Constitución del país. “Imponer la desnuclearización a la República Popular Democrática de Corea es lo mismo que exigirle renunciar a su soberanía y a su derecho a existir”, subrayó Kim durante su intervención.
Añadió que la energía nuclear no solo representa una herramienta de disuasión, sino también una política de Estado inscrita en la legislación nacional. “Nunca renunciaremos a este poder, que es nuestra ley, nuestra política y nuestra fuerza soberana”, insistió.
Las declaraciones se producen días después de que el líder norcoreano, Kim Jong Un, dejara abierta la posibilidad de reanudar el diálogo con Estados Unidos, aunque con la condición de que Washington abandone su objetivo de privar al país de su arsenal nuclear.
Entre 2006 y 2017, Corea del Norte realizó seis ensayos atómicos, lo que desató una ola de sanciones internacionales que, sin embargo, no han frenado su desarrollo armamentista. Analistas señalan que el régimen ha seguido perfeccionando misiles balísticos y otros sistemas estratégicos pese al aislamiento diplomático.
En contraste, el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, también participó la semana pasada en la Asamblea General, donde hizo un llamado a reconstruir la confianza intercoreana y romper con el “círculo vicioso de tensiones militares”.
El pronunciamiento norcoreano refuerza la percepción de que el tema nuclear seguirá siendo un punto crítico en la agenda internacional, especialmente en un escenario marcado por rivalidades crecientes en Asia-Pacífico y la falta de avances en las negociaciones de desarme.