La científica británica Jane Goodall, reconocida en todo el mundo por su labor pionera en el estudio de los chimpancés y su incansable activismo ambiental, falleció a los 91 años, informó este miércoles el Instituto que lleva su nombre.
Goodall, quien también fue Mensajera de la Paz de la ONU, murió por causas naturales mientras se encontraba en California, donde desarrollaba una gira de conferencias en Estados Unidos. Su instituto destacó que sus aportaciones no solo revolucionaron la etología, sino que también marcaron un antes y un después en la forma de comprender la relación entre seres humanos y animales.
Nacida en Londres en 1934, su pasión por los animales se manifestó desde la niñez. En 1957 viajó a Kenia, donde conoció al paleontólogo Louis Leakey, quien poco después la envió a las selvas de Tanzania para observar chimpancés en su entorno natural. Ahí inició una investigación sin precedentes, que reveló aspectos fundamentales de estos primates, como su capacidad para fabricar y utilizar herramientas, así como la existencia de emociones complejas dentro de sus comunidades.
A pesar de no contar con estudios universitarios previos, sus descubrimientos le permitieron obtener un doctorado en la Universidad de Cambridge, un hecho inusual en la época. Su estilo de trabajo cercano, sentándose junto a los chimpancés y compartiendo incluso su comida, rompió barreras en la investigación científica.
En 1977 creó el Instituto Jane Goodall, dedicado a la conservación de la vida silvestre, y más tarde lanzó Roots & Shoots, un programa que empodera a jóvenes en más de 60 países para trabajar en proyectos de protección ambiental y social.
Durante las últimas décadas, Goodall recorrió el planeta como defensora de la biodiversidad, denunciando la caza furtiva, la destrucción de los hábitats y la explotación de animales en laboratorios. Hasta su último año de vida insistió en la necesidad de asumir responsabilidad personal frente a la crisis climática.
“Cada persona importa, todos podemos elegir el impacto que dejamos en el planeta”, solía repetir. Su legado trasciende a la ciencia y permanece como un llamado urgente a cuidar el mundo natural.