El empleo en México se sostiene, pero cada vez con menos garantías. Durante 2025, el número de personas que trabajan sin prestaciones sociales alcanzó su punto más alto en veinte años, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI. Detrás de las cifras se dibuja un país donde la estabilidad laboral se erosiona y el trabajo formal pierde terreno frente a la precarización.
De enero a septiembre, casi un millón de mexicanos dejaron de contar con beneficios como seguro médico o aguinaldo, mientras que 1.43 millones más se sumaron a la informalidad. Hoy, cerca de un tercio de los trabajadores asalariados 17.79 millones de personas carecen de acceso a servicios de salud, una cifra sin precedentes desde que el instituto comenzó este registro en 2005.
El impacto no solo se refleja en la pérdida de derechos, sino también en el tipo de empleos que crecen. Las jornadas reducidas, de 15 a 34 horas semanales, aumentaron 9.6 %, y los trabajos de menos de 15 horas lo hicieron en casi 8 %. En cambio, los empleos con horarios mayores a 48 horas cayeron más de 6 %, una señal de que muchos trabajadores sobreviven con ocupaciones parciales y mal remuneradas.
El INEGI advierte que el sector informal se consolidó como el principal generador de empleo durante los primeros nueve meses del año. Esto significa que millones de personas sostienen la economía mexicana sin acceso a derechos laborales básicos ni seguridad social, un retrato inquietante de un país donde trabajar no siempre significa vivir con dignidad.