La tranquilidad de Yarumal, en Antioquia, se rompió el sábado con una operación que devolvió a 17 menores a la protección del Estado colombiano. Las autoridades migratorias confirmaron que varios de ellos estaban asociados a la comunidad ortodoxa Lev Tahor, un grupo religioso señalado desde hace años por prácticas de aislamiento extremo y presunto maltrato infantil. El caso volvió a encender las alarmas internacionales sobre el movimiento.
Según Migración Colombia, cinco de los menores tenían órdenes de búsqueda de la Interpol por delitos graves vinculados a secuestro y trata de personas. La institución compartió incluso una fotografía en la red social X para confirmar el operativo y subrayar la existencia de alertas globales relacionadas con la comunidad. La intervención respondió a reportes que advertían sobre riesgos inminentes para la integridad de los niños.
Los menores, provenientes de Guatemala, Estados Unidos y Canadá, fueron ubicados tras un seguimiento coordinado entre Migración, Policía Nacional y organismos de cooperación internacional. Aunque Colombia no era el destino original de la mayoría, el país se convirtió en punto clave para su localización, lo que evidencia la dimensión transnacional que han adquirido las investigaciones alrededor de Lev Tahor.
Ahora, las autoridades adelantan los procesos de restablecimiento de derechos y verificación de identidad, mientras organismos judiciales evalúan posibles responsabilidades. El caso abre un nuevo capítulo en el escrutinio global sobre la secta, un grupo cuya estricta interpretación religiosa ha derivado en investigaciones en varios países y que sigue bajo atención internacional por presuntos abusos contra menores.