Ucrania volvió a enfrentar una noche de estruendo y oscuridad tras un nuevo ataque masivo lanzado por Rusia contra su infraestructura energética. El Ministerio de Energía confirmó que la ofensiva, realizada con drones y misiles, impactó instalaciones estratégicas en varias regiones del país y dejó un saldo mortal en la capital, donde seis personas perdieron la vida y al menos trece resultaron heridas.
En Kiev, la fuerza del golpe se concentró en distritos habitacionales como Sviatoshin y Dárnitsia, donde edificios residenciales quedaron severamente dañados. Los primeros reportes hablaban de dos fallecidos en un inmueble de nueve pisos en Dnipró; sin embargo, el balance se agravó horas después, cuando la administración militar regional informó de cuatro víctimas adicionales en Sviatoshin, uno de los puntos más afectados.
A la par de la emergencia humana, el ataque volvió a colocar bajo presión al sistema energético ucraniano, que ya arrastra meses de deterioro por bombardeos reiterados. Este otoño, el país ha perdido parte vital de su capacidad de generación eléctrica y de procesamiento de gas, una situación que agudiza la vulnerabilidad de hospitales, hogares y servicios esenciales en pleno invierno.
Mientras continúan las labores de rescate, equipos técnicos evalúan los daños para iniciar reparaciones en las plantas y líneas afectadas. Las autoridades ucranianas denunciaron que la ofensiva tuvo como objetivo directo dejar al país sin energía, una estrategia que se repite y que sigue redefiniendo la vida cotidiana de millones de personas en medio de un conflicto que no da tregua.