La ciudad de Hong Kong enfrenta un luto profundo tras el incendio que redujo a escombros parte del complejo residencial Wang Fuk Court. En medio de un operativo incesante, los rescatistas han recuperado 128 cuerpos entre los restos calcinados, mientras familias enteras aguardan con angustia cualquier actualización oficial. La magnitud del siniestro ha conmocionado al país por la rapidez con la que las llamas consumieron los edificios.
El secretario de Seguridad, Chris Tang Ping-keung, detalló que 108 de las víctimas fueron localizadas en la zona central del incendio, una franja donde el calor y el colapso estructural dejaron poco margen de supervivencia. Además, los heridos ascienden a 79, atendidos en hospitales cercanos. Tang advirtió que el número de muertos podría aumentar mientras los equipos siguen avanzando a través de pisos debilitados y muros derrumbados.
El dato más alarmante es el de las personas no localizadas: más de 200. Entre ellas, figuran 80 cuerpos que no han podido ser identificados por el severo daño causado por el fuego. Esta cifra mantiene en vilo a los familiares que se concentran en las inmediaciones del complejo, donde voluntarios reparten agua, mantas y acompañamiento emocional, mientras listas y fotografías circulan en busca de coincidencias.
Las investigaciones preliminares apuntan a un detonante clave: las ventanas estaban cubiertas con planchas de poliestireno altamente inflamables, lo que habría permitido que el fuego se extendiera con una velocidad descontrolada. El estallido de cristales aceleró la entrada de oxígeno, y los andamios de bambú revestidos con mallas de seguridad —colocados por las obras de renovación— actuaron como un corredor de combustión. La tragedia abrió un debate urgente sobre el uso de materiales de bajo costo y la supervisión de obras en complejos habitacionales.