En el corazón montañoso del Líbano, donde las nubes se aferran a los cedros y las carreteras serpentean entre barrios heridos y colinas solemnes, el Papa León XIV inició su jornada como peregrino. Su destino: la gruta de Annaya, el santuario que resguarda los restos de San Charbel, figura espiritual que une a cristianos y musulmanes en un país que todavía busca reconstruir su convivencia. Ahí, frente a la tumba del monje maronita, el Pontífice rezó por la paz del mundo y, en especial, por un Líbano que atraviesa una profunda fragilidad social y política.
El viaje, lleno de simbolismo religioso y político, llevó al Papa a más de 1,200 metros de altura para depositar una lámpara de ofrenda, “luz encendida por Dios a través de San Charbel”, según expresó. Con ese gesto confió al santo la protección del pueblo libanés, un mensaje que resonó entre los miles de personas que lo aguardaban bajo lluvia y frío. Para muchas familias, su presencia significó un respiro espiritual en medio de la crisis económica y las tensiones que aún persisten tras años de inestabilidad.
Las calles entre Beirut y Annaya se convirtieron en un mosaico de esperanza: banderas libanesas y vaticanas colgaban en edificios nuevos y también en los que continúan marcados por la explosión del puerto. Cientos de miles de fieles siguieron el trayecto del papamóvil, mientras enfermos, niños y peregrinos de distintos países llenaban el exterior del monasterio. Para ellos, la visita de León XIV representó un recordatorio de que el Líbano sigue siendo, pese a sus heridas, tierra de encuentro entre credos.
Ya dentro de la gruta, en un ambiente de silencio profundo apenas interrumpido por cantos en árabe, el Papa recitó una oración dedicada al santo maronita, conocido por los miles de milagros atribuidos a su intercesión. Habló de comunión para la Iglesia, de unidad para las comunidades divididas y de una paz que “solo nace de la conversión de los corazones”. Su mensaje, marcado por una espiritualidad sencilla pero firme, buscó tocar la fibra de un país que aún enfrenta la reconstrucción de su vida pública y su memoria colectiva.