La noche comenzó cuando el árbol ,una imponente Concolor de más de seis metros traída desde una granja de Michigan, fue iluminado ante decenas de invitados: desde altos funcionarios hasta familias y artistas, todos convocados para inaugurar la decoración oficial de la temporada. El ejemplar fue seleccionado como ganador del concurso anual organizado por la Asociación Nacional de Árboles de Navidad, un símbolo de orgullo rural convertido en emblema festivo.
Tras la ceremonia, la decoración de salones y pasillos corrió por cuenta de la Oficina de la Primera Dama, que nuevamente se encargó de fijar el tono navideño en la residencia presidencial. Guirnaldas, luces, ornamentos y una ambientación cuidada fueron parte del despliegue, pensado para combinar tradición, elegancia y un espíritu acogedor.
La velada ganó en calidez gracias a la música: los veteranos acordes de una banda legendaria y ritmos country animaron el evento, provocando sonrisas y aplausos entre los asistentes. Fue una celebración que mezcló lo protocolario con lo festivo, dando inicio a un diciembre que promete luces, tradición y un atisbo de magia navideña en la casa más vigilada del mundo.