El pulso social que desde hace días recorre Bulgaria desembocó este jueves en la caída del Gobierno tripartito encabezado por el primer ministro Rosen Zhelyazkov. Tras una noche de protestas multitudinarias que reunieron a decenas de miles de personas, el mandatario anunció en el Parlamento su dimisión, aceptando que el descontento ciudadano había rebasado los márgenes de la discusión legislativa.
La administración, integrada por los conservadores GERB, el Partido Socialista Búlgaro y el populista ITN, llevaba menos de un año en el poder y enfrentaba su sexta moción de censura. Aunque Zhelyazkov aseguró que tenían los votos necesarios para superarla, afirmó que sostenerse solo por aritmética parlamentaria carecía de sentido ante una sociedad que exigía un giro político claro.
Las protestas crecieron con fuerza desde que el Gobierno presentó su proyecto de presupuesto para 2026, el primero diseñado bajo la próxima adopción del euro. El plan contemplaba incrementos en impuestos, cuotas y diversas tasas, lo que detonó rechazo ciudadano en un contexto de inquietud económica y sospechas de corrupción. La presión social obligó al Ejecutivo a retirar la propuesta la semana pasada, sin que ello lograra frenar las movilizaciones.
La renuncia llega en un momento especialmente delicado: Bulgaria se prepara para poner en circulación el euro el 1 de enero. El vacío político abre interrogantes sobre la transición financiera y el rumbo inmediato del país, mientras la clase política intenta recomponer acuerdos en medio de una ciudadanía que ya hizo escuchar su voz.