La desclasificación más reciente de archivos vinculados a Jeffrey Epstein volvió a colocar a la monarquía británica en el centro de la conversación internacional. Entre los documentos difundidos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos aparece un correo electrónico fechado en agosto de 2001, enviado desde una dirección asociada al castillo de Balmoral, residencia de verano de la familia real en Escocia, cuyo contenido ha generado inquietud y polémica.
El mensaje fue dirigido a Ghislaine Maxwell, entonces cercana colaboradora y pareja de Epstein, y preguntaba si había conseguido “nuevas amigas inapropiadas”. El correo fue enviado bajo el seudónimo de “el hombre invisible” y firmado únicamente con la letra “A”. De acuerdo con referencias contenidas en los archivos, la cuenta desde la que se originó el mensaje estaba identificada con el título de “Duque de York”, denominación que corresponde al príncipe Andrés, hermano del rey Carlos III.
Aunque el texto del correo no constituye por sí mismo una prueba judicial, las autoridades estadounidenses lo integraron al conjunto de comunicaciones que buscan reconstruir la red de relaciones alrededor del financiero condenado por delitos sexuales. En ese mismo paquete de documentos figura una solicitud para entrevistar de manera voluntaria a un “testigo PA”, siglas que, según los archivos, aludirían a la misma figura mencionada en el intercambio electrónico.
La aparición de este material ocurre en medio de un escrutinio persistente sobre los vínculos entre Epstein, Maxwell y figuras de alto perfil político, económico y social. Si bien el príncipe Andrés ha rechazado reiteradamente cualquier conducta ilegal y fue apartado de sus títulos reales a finales de 2025, el surgimiento de estos correos vuelve a abrir el debate público sobre los alcances de un escándalo que, más de dos décadas después, continúa proyectando sombras sobre instituciones históricamente blindadas.