La posibilidad de trabajar menos horas a la semana dio un paso firme en el Senado. Las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales, Trabajo y Previsión Social y Estudios Legislativos avalaron por unanimidad la reforma que plantea reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, una modificación que implicaría cambios al artículo 123 de la Constitución. El dictamen fue respaldado sin votos en contra y ahora será discutido por el pleno.
El proyecto no contempla un ajuste inmediato. De acuerdo con el esquema aprobado, la disminución sería progresiva: primero a 46 horas en 2027, luego a 44 en 2028, a 42 en 2029 y finalmente a 40 horas en 2030. La gradualidad busca dar margen de adaptación a empresas y sectores productivos, mientras se ajustan contratos, esquemas de turnos y costos operativos.
El debate ha puesto sobre la mesa una discusión de fondo sobre la calidad de vida en México, uno de los países donde más horas se trabaja dentro de la región. Para trabajadores y especialistas, la reforma representa la posibilidad de equilibrar empleo y vida personal, así como reducir riesgos asociados al desgaste físico y mental. Desde el sector empresarial, en cambio, se ha insistido en que la transición debe acompañarse de reglas claras para evitar afectaciones en productividad y competitividad.
Si el pleno respalda el dictamen y posteriormente obtiene el aval de la Cámara de Diputados, el país iniciará un proceso de transformación laboral de largo alcance. Más allá del ajuste numérico en el reloj, la reforma abre una conversación sobre el modelo de trabajo que México quiere consolidar en los próximos años.