En la comunidad de San Francisco, en el municipio de Santo Domingo, el combate al fuego se ha convertido en una carrera contra el tiempo y el viento. Un incendio forestal mantiene en alerta a autoridades y pobladores, mientras 292 brigadistas trabajan sobre el terreno para frenar el avance de las llamas que amenazan tanto a la población como a los recursos naturales de la región.
El despliegue, coordinado por la Protección Civil estatal, reúne a personal especializado, autoridades municipales y voluntarios de la propia comunidad. Hasta el último reporte, las labores han permitido alcanzar un 40 por ciento de control y un 25 por ciento de liquidación, cifras que reflejan avances, pero también la magnitud del desafío que representa contener el siniestro en una zona expuesta a corrientes de aire que pueden reactivar puntos críticos.
En el frente de batalla, las tareas se concentran en enfriar áreas calientes y asegurar perímetros para evitar que el fuego se propague hacia zonas habitadas o de alto valor ecológico. Cada jornada implica abrir brechas, remover material combustible y vigilar constantemente los cambios en las condiciones climáticas, factores que influyen directamente en la estrategia operativa.
Más allá de los números, el incendio pone a prueba la capacidad de respuesta institucional y la colaboración comunitaria. La presencia de comuneros voluntarios junto a brigadistas profesionales evidencia que, frente a emergencias ambientales, la protección del territorio depende tanto de la organización oficial como del compromiso de quienes habitan y conocen la tierra que hoy se busca resguardar.