Después de más de tres días dentro de las oficinas de Universidad 1200, al sur de la Ciudad de México, Marx Arriaga puso fin a su gestión en la Secretaría de Educación Pública (SEP). El funcionario recibió finalmente el oficio que formalizaba su remoción como director de Materiales Educativos, documento que exigía tras enterarse de su salida a través de redes sociales.
Su permanencia en el edificio fue una forma de protesta. Arriaga consideró que un anuncio digital no sustituía el procedimiento administrativo correspondiente. Solo después de firmar la notificación oficial dio por concluido el episodio, no sin antes dedicar sus últimas horas a resolver pendientes, entre ellos la firma de plazas para trabajadores por honorarios, lo que permitió que cinco empleados conservaran su puesto.
La escena de despedida fue simbólica: salió con una mochila al hombro y un retrato de Karl Marx bajo el brazo, mientras colaboradores lo acompañaban con aplausos y consignas. Desde ahí caminó hasta la estación del Metro Coyoacán, donde abordó un tren que lo alejaba de la dependencia federal y marcaba el cierre de una etapa marcada por la polémica y el debate en torno a los contenidos educativos.
Arriaga adelantó que regresará a las aulas en Ciudad Juárez, retomando su labor docente. También confirmó que rechazó una propuesta para ocupar un cargo diplomático, optando por volver a la enseñanza. Su salida no solo cierra un ciclo administrativo, sino que reaviva la discusión sobre las formas y los tiempos en que se toman decisiones dentro del aparato educativo federal.