El inicio de 2026 trajo un golpe directo al bolsillo de las familias mexicanas. De acuerdo con el Consejo Mexicano de la Carne, el precio de la carne de res se disparó 16.5% en enero, el mayor aumento registrado desde 2019 y muy por encima de la inflación general, ubicada en 3.7%. La diferencia no es menor: el encarecimiento cuadruplica el ritmo de otros productos y anticipa un panorama de presión sostenida para el resto del año.
El fenómeno no ocurre en el vacío. La industria enfrenta una tormenta de factores que van desde restricciones en la importación de carne brasileña hasta la presencia del gusano barrenador, además de un entorno creciente de inseguridad en las carreteras. A ello se suma un cambio en la política comercial del gobierno federal: la exención arancelaria contemplada en el Paquete Contra la Inflación y la Carestía fue sustituida por un esquema de cupos que, según el sector, resulta más limitado y menos ágil.
Mientras tanto, el consumo nacional no disminuye. La demanda de carne aumentó 4.1% respecto al año pasado, equivalente a 700 gramos adicionales por persona. Sin embargo, México no produce lo suficiente para cubrir su mercado interno y depende de las importaciones para equilibrar la oferta. En 2025 se operaron 279 mil toneladas bajo esquemas previos; ahora, los cupos asignados contemplan 71 mil toneladas para res y 50 mil para cerdo, una brecha que inquieta a productores y distribuidores.
El costo logístico también pesa. Los robos y extorsiones en carreteras han elevado las primas de seguros entre 20% y 30%, y el Consejo Nacional Agropecuario estima que estos factores han incrementado los costos de los productos entre 10% y 20%. Con casi el 98% de las extorsiones sin denuncia formal, el encarecimiento de la carne no solo refleja dinámicas de mercado, sino también una cadena productiva que opera bajo presión constante.