Mientras el país debate si la jornada laboral debe bajar a 40 horas, en la Cámara de Diputados surgió una propuesta incómoda para la clase política: que los propios legisladores trabajen más. La bancada de Movimiento Ciudadano presentó una iniciativa para establecer una carga mínima de 48 horas semanales obligatorias para diputadas y diputados, con asistencia y participación verificables.
La diputada Laura Ballesteros llevó el tema a tribuna con un mensaje directo: si millones de trabajadores cumplen jornadas extensas, el Congreso debería predicar con el ejemplo. La propuesta naranja contrasta con la discusión nacional sobre la reducción inmediata a 40 horas, con dos días de descanso, frente al plan de Morena, que plantea una transición paulatina hasta 2030. Ballesteros subrayó que México sigue por detrás de países como Estados Unidos y Canadá, donde la semana laboral de 40 horas es la norma.
Pero el argumento no fue solo comparativo, sino también crítico. La legisladora expuso cifras que, dijo, evidencian bajo rendimiento: más de 200 diputados ausentes al arranque de una sesión, más de mil justificantes acumulados y casos de legisladores con hasta 30 faltas. Añadió que al menos 25 integrantes del Congreso no han presentado una sola iniciativa en lo que va del periodo y recordó que recientemente un diputado pidió licencia para participar en un reality show, lo que avivó el debate sobre prioridades y compromiso público.
La reforma planteada modificaría la Ley Orgánica del Congreso y su Reglamento Interior para fijar en 2026 una jornada mínima de 48 horas semanales con un solo día de descanso, y reducirla gradualmente hasta llegar a 40 horas en 2030. “Pongan el ejemplo”, lanzó Ballesteros desde la tribuna. Más allá del intercambio partidista, la propuesta coloca el foco en una pregunta de fondo: ¿debe el poder legislativo someterse a los mismos estándares laborales que discute para el resto del país?