Cada Día Internacional de la Mujer, el color morado o púrpura se convierte en uno de los símbolos más visibles durante marchas, concentraciones y actividades relacionadas con la lucha por los derechos de las mujeres. Este tono aparece en pancartas, ropa, pañuelos y carteles como un emblema del movimiento feminista a nivel mundial.
El origen de esta tradición se remonta a principios del siglo XX, durante las movilizaciones por el derecho al voto femenino. En 1908, la organización británica Women's Social and Political Union adoptó tres colores representativos para su movimiento: morado, blanco y verde.
De acuerdo con la activista Emmeline Pethick-Lawrence, el color morado simbolizaba la dignidad y la conciencia de la causa, además de representar la fortaleza de las mujeres que luchaban por el sufragio femenino.
En esta misma combinación simbólica, el blanco representaba la honradez y el verde la esperanza de un nuevo comienzo. Con el paso del tiempo, el morado se consolidó como el color principal asociado al feminismo y comenzó a utilizarse en movilizaciones, protestas y actividades relacionadas con la igualdad de género en diferentes países.
Actualmente, vestir prendas moradas o portar accesorios de ese color durante el 8 de marzo se ha convertido en una forma de visibilizar las demandas del movimiento feminista, denunciar la violencia de género y exigir igualdad de oportunidades y derechos para las mujeres en todo el mundo.