En San Luis Potosí la tarde del domingo, 08 de marzo transcurrió entre los contingentes y las consignas moradas que conmemoran el Día Internacional de la Mujer. A las 16:00 horas de la tarde, cientos de potosinas se congregaron en Avenida Universidad, a un costado de la alameda, para hacer sonar el rugido de su furia que gritaba al unísono: nos queremos vivas, libres y seguras.
Con apoyo de la organización, diversos bloques del movimiento salieron uno tras otro, voceados por las chicas de pañoleta amarilla y chaleco de primeros auxilios. En la punta, los que sostienen la lucha se enfilaron primero: el colectivo de familiares de mujeres víctimas de feminicidio y acompañantas.
Para este 2026, se sumaron dos nombres más al pase de lista: Adanely y Yesenia Yoseline, quienes perdieron la vida a principios de febrero a manos de sus presuntos feminicidas, sus parejas sentimentales.
Después de rebasar el puente de Avenida Universidad, se desplegaría frente al Museo del Ferrocarril, un entramado de cánticos y carteles que representaban a las madres de personas desaparecidas, mujeres con discapacidad, infancias y estudiantes.
El recorrido, llegó primero a la Fiscalía General del Estado (FGE) aunque pareció ofuscado por una ligera amenaza de lluvia. A pesar de esto, con bolsas, sombrillas e impermeables las marchantes avanzaron con el puño en alto para desafiar a Tláloc.
Así el cielo cedió y las nubes acordaron un acuerdo de paz, porque la guerra estaba debajo de ellas.
Sobre el pavimento de eje vial, frente a una fachada de ventanas rotas, la FGE recibió pedradas de realidad: madres y estudiantes denunciaron retrasos y sesgos en las carpetas de investigación de los delitos contra sus hijas, hijos, o el suyo propio. La iconoclasia como cada año, hizo su aparición pero no fue protagonista. No porque haya cambiado su valor radical, sino porque, bien se dijo que es momento de cambiar la narrativa de las luchas. Pasar de la criminalización hacia las demandas.
Este año, la instrucción por parte de los colectivos a la prensa fue clara: no documentar la iconoclasia era parte de un límite. A cambio, se logró el acuerdo de reinsertar a colegas masculinos en la cobertura y muchos se limitaron a grabar el pase de lista dando la espalda al edificio institucional.
No únicamente fue ambiente distinto de pluralidad, también de movimiento feroz entre las más jóvenes quienes dijeron, no sentirse seguras ni en las universidades donde estudian.
Una vez arribaron al memorial de Karla Pontigo en Plaza de Armas, el incienso dejó transpirar a las documentalista por un momento. Algunas manifestantes se dispersaron para contemplan un altar a los pies de la estatua, arrulladas por el ritmo de un tambor.
Se acercaba el quiebre de la ola en la explanada de Plaza Fundadores, cuando los carteles sirvieron como combustible del fuego. Las compañeras del bloque negro intentaron despegar las murallas del Edificio Central que instaló la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).
Eso, por un lado, pero desde el otro extremo, el contingente que encabezó todo dirigía unas palabras al público. Tras diferentes peticiones, una conclusión cerró la intervención de este domingo: las mujeres y feministas potosinas señalan una contradicción entre la protección de edificios y la salvaguarda de la vida femenina misma. Demandand así, condiciones de justicia, salud, movilidad, autonomía y libertad, para vivir sin miedo.