Por Redacción Contra Réplica

Uso de inteligencia artificial como apoyo emocional crece y reabre debate sobre salud mental

Especialistas advierten que, aunque los chatbots ofrecen acompañamiento inmediato, no sustituyen la terapia profesional

El uso de inteligencia artificial como herramienta de apoyo emocional registra un crecimiento acelerado a nivel global, impulsando un debate sobre sus alcances y riesgos en el ámbito de la salud mental. Cada vez más personas, especialmente jóvenes, recurren a plataformas digitales para expresar sus emociones, buscar orientación o enfrentar situaciones de estrés y ansiedad.

Datos recientes señalan que millones de usuarios interactúan semanalmente con sistemas de inteligencia artificial, y una proporción significativa los utiliza con fines relacionados al bienestar emocional. Esta tendencia refleja un cambio en la forma en que las personas buscan ayuda, priorizando la inmediatez, la accesibilidad y la ausencia de juicio que ofrecen estos sistemas.

Especialistas en salud mental advierten que, si bien estas herramientas pueden generar una sensación de acompañamiento y contribuir a reducir el malestar en niveles leves o moderados, también presentan limitaciones importantes. A diferencia de un proceso terapéutico, la inteligencia artificial no confronta al usuario ni promueve procesos profundos de reflexión, lo que puede limitar su efectividad en casos complejos.

Además, existe preocupación por el riesgo de dependencia y por la posible sustitución de la atención profesional. En situaciones delicadas, como trastornos severos o crisis emocionales, el uso exclusivo de estas plataformas podría retrasar la búsqueda de ayuda especializada, lo que incrementa la vulnerabilidad de los usuarios.

Expertos coinciden en que la inteligencia artificial puede ser una herramienta complementaria en el cuidado de la salud mental, particularmente en tareas de orientación básica o psicoeducación. Sin embargo, subrayan que no reemplaza la interacción humana ni los procesos clínicos necesarios para abordar de manera integral el sufrimiento emocional, por lo que llaman a un uso responsable y supervisado de estas tecnologías.