A un año de que el balón ruede en el Mundial 2026, hay otro juego que se disputa fuera de la cancha: el de la economía informal. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo encendió las alertas al estimar que el mercado de productos pirata alcanzará en 2025 un valor de 63 mil 262 millones de pesos, una cifra que revela el tamaño del reto para el país anfitrión.
El impacto no es menor. Detrás de cada artículo falsificado hay empleos que se diluyen en la informalidad. De acuerdo con el organismo, esta práctica ya ha golpeado a cerca de 70 mil puestos de trabajo formales, especialmente en sectores como el textil, artículos deportivos y el comercio minorista, que suelen ser los más beneficiados en eventos de escala global.
Pero el fenómeno va más allá de camisetas apócrifas o souvenirs ilegales. También afecta derechos audiovisuales y a las marcas que invierten millones para asociarse oficialmente con el torneo. En ese contexto, la piratería se convierte en una fuga silenciosa de ingresos que podría restarle fuerza a la derrama económica que se espera con la Copa del Mundo.
Frente a este escenario, el sector empresarial plantea un llamado directo: reforzar la vigilancia en aduanas y endurecer las sanciones contra quienes comercializan productos ilegales. Más que un tema de consumo, advierten, se trata de una prueba para la capacidad del país de proteger su economía formal en un escaparate global donde México no solo será anfitrión, sino también vitrina.