Una nueva crisis dentro del sistema penitenciario venezolano estalló esta semana luego de que decenas de reclusos tomaran áreas del Internado Judicial de Barinas, conocido como Injuba, para denunciar presuntas torturas, golpizas y abusos cometidos dentro del penal. La protesta dejó imágenes de humo, incendios y mensajes de auxilio colocados por los internos desde los techos de la prisión.
La movilización comenzó después de una serie de operativos y revisiones realizadas por autoridades penitenciarias, las cuales, según familiares y organizaciones defensoras de derechos humanos, habrían derivado en agresiones físicas, aislamiento de presos y destrucción de pertenencias personales. Los reclusos denunciaron además restricciones severas, castigos y condiciones que calificaron como inhumanas dentro del centro penitenciario.
Durante varias horas, los internos bloquearon zonas de la cárcel y exhibieron mantas con mensajes en los que pedían la intervención de organismos internacionales y defensores de derechos humanos. Videos difundidos en redes sociales mostraron a grupos de presos gritando consignas contra las autoridades mientras columnas de humo salían desde el interior del penal. Familiares que permanecían afuera exigieron información sobre la situación y denunciaron temor por posibles represalias.
El episodio vuelve a poner bajo la lupa la situación de las cárceles venezolanas, señaladas desde hace años por organismos internacionales debido al hacinamiento, la violencia interna y las denuncias constantes de violaciones a derechos humanos. Hasta ahora, las autoridades no han dado un balance oficial sobre posibles personas lesionadas o sanciones tras la protesta, mientras organizaciones civiles continúan exigiendo investigaciones independientes sobre lo ocurrido en Barinas.