Colombia entró en una nueva etapa de atención tras el terremoto de magnitud 7.4 que dejó cerca de 300 personas fallecidas y destruyó miles de inmuebles. A casi una semana del desastre, maquinaria pesada comenzó a dominar las zonas afectadas, mientras los equipos de emergencia reducen las posibilidades de encontrar sobrevivientes entre los escombros.
El movimiento telúrico golpeó especialmente al oeste del país y la región cafetera, donde alrededor de 27 mil viviendas resultaron destruidas, de acuerdo con el último balance de las autoridades de atención de desastres. En varias ciudades, inmuebles dañados fueron señalizados con cruces rojas para impedir el acceso ante el riesgo de nuevos derrumbes.
La emergencia también dejó a numerosas familias sin vivienda. Parques y otros espacios públicos fueron habilitados de manera improvisada como refugios, mientras damnificados intentan recuperar algunas pertenencias entre las estructuras afectadas y comenzar nuevamente sus vidas.
Aunque las labores de rescate han entrado en una fase crítica debido al tiempo transcurrido desde el sismo, grupos de voluntarios mantienen operativos en distintos puntos. En Cali, algunos equipos continúan buscando posibles sobrevivientes pese a que varios sitios ya fueron declarados fuera de búsqueda.
La reconstrucción representará otro de los grandes desafíos para el país. El alcalde de Cali, Alejandro Eder, estimó que recuperar la infraestructura afectada en la ciudad requerirá una inversión de al menos 3 mil 200 millones de dólares. A este esfuerzo se suman apoyos económicos internacionales provenientes de países y organismos como Estados Unidos y el Banco Mundial.
Mientras avanzan las labores de remoción, las autoridades enfrentan el reto de atender a los damnificados y restablecer servicios e infraestructura. Para miles de familias, la emergencia dejó de ser únicamente una operación de rescate y comenzó a convertirse en una crisis de reconstrucción.