El príncipe Harry y Meghan Markle regresaron al Reino Unido junto con sus hijos, Archie y Lilibet, seis años después de abandonar sus funciones como integrantes activos de la familia real y establecerse en Estados Unidos.
La familia llegó desde California al aeropuerto de Birmingham a bordo de un vuelo privado. Aunque mantendrán su vivienda en Montecito, tienen previsto permanecer durante un periodo prolongado en territorio británico y establecerse en una residencia privada ubicada fuera de Londres.
Uno de los principales cambios será la educación de sus hijos. Archie, de siete años, y Lilibet, de cinco, tienen previsto incorporarse en septiembre a una escuela británica, lo que marcará una nueva etapa para ambos después de haber crecido principalmente en Estados Unidos.
El retorno no significa que Harry y Meghan recuperen sus responsabilidades dentro de la monarquía. La pareja continuará al margen de las funciones oficiales de la familia real, mientras mantiene sus respectivos proyectos profesionales y filantrópicos.
Meghan seguirá desarrollando su emprendimiento As Ever, mientras Harry mantendrá su participación en iniciativas benéficas y en actividades vinculadas con los Juegos Invictus. Ambos conservarán su residencia estadounidense, por lo que el traslado no representa una ruptura definitiva con California.
La vuelta también ocurre en medio de un acercamiento entre Harry y su padre, el rey Carlos III. El monarca volvió recientemente a convivir con sus nietos después de varios años de distancia, aunque la relación entre Harry y su hermano, el príncipe Guillermo, permanece deteriorada.
La seguridad constituye uno de los principales asuntos que acompañarán la estancia de la familia. Harry ha mantenido una disputa con las autoridades británicas sobre las condiciones de protección que recibe cuando visita el país.
Así, el regreso abre una nueva etapa para los Sussex en Reino Unido: más cercana a la familia real en términos geográficos, pero todavía separada de sus actividades institucionales.