La sequía provocada por el fenómeno de El Niño mantiene bajo presión a los agricultores de El Salvador, donde la escasez de lluvias ya ocasionó pérdidas en cultivos y dificultades para garantizar agua tanto para las actividades productivas como para el consumo.
El impacto se extiende por distintas zonas del país, especialmente en comunidades rurales donde las familias dependen directamente de la agricultura y la ganadería. La disminución de las fuentes de agua ha dejado terrenos sin posibilidades de riego y amenaza la producción de alimentos básicos.
En localidades como Tocoluca, en el municipio de San Vicente Sur, productores han perdido inversiones completas debido a la falta de humedad en el suelo. La situación también afecta al ganado, debido a la reducción del pasto disponible, lo que repercute en la producción de leche y eleva el riesgo de mayores costos para las familias.
La crisis hídrica se presenta además en un contexto de temperaturas excepcionalmente elevadas. Durante agosto, El Salvador registró 14 récords de temperatura, de acuerdo con las autoridades ambientales, mientras las lluvias habituales de la temporada han sido insuficientes.
El sector agrícola estima que la primera cosecha de granos básicos podría registrar pérdidas cercanas al 20 por ciento, según la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios. El escenario genera preocupación ante un posible encarecimiento de productos esenciales.
El fenómeno también tiene repercusiones regionales. Comunidades agrícolas de Honduras y Nicaragua enfrentan condiciones similares dentro del llamado Corredor Seco Centroamericano, una zona especialmente vulnerable a la falta de precipitaciones y a los extremos climáticos.
Aunque El Niño puede provocar sequías en algunas regiones y lluvias intensas en otras, especialistas advierten que sus efectos se desarrollan en un contexto de calentamiento global, aumentando la posibilidad de eventos meteorológicos extremos durante los próximos meses.