Cuando el agua deja de salir de la llave, la ciudad se reorganiza alrededor de una cisterna. Durante marzo, la zona metropolitana de San Luis Potosí dependió en buena medida de este modelo alterno: la Comisión Estatal del Agua desplegó un operativo que llevó más de 36 millones de litros a colonias afectadas por el desabasto.
El suministro no llegó por tuberías, sino sobre ruedas. Una flotilla de 40 camiones cisterna, cada uno con capacidad de 20 mil litros, realizó mil 810 viajes a lo largo del mes, lo que equivale a cerca de 60 recorridos diarios. Detrás de estas cifras hay una realidad persistente: fallas en pozos, fugas y deficiencias en el sistema de distribución que han dejado a familias sin servicio por días o incluso semanas.
El contexto climático tampoco ayuda. Con el aumento de temperaturas, la demanda de agua crece mientras el sistema enfrenta limitaciones estructurales. En este escenario, el reparto mediante pipas se ha vuelto una solución urgente, aunque también evidencia la fragilidad de la infraestructura hídrica en la capital potosina.
Más que un operativo, el despliegue revela una forma de sobrevivir a la escasez. Para cientos de hogares, el acceso al agua ya no es una rutina garantizada, sino un servicio que llega con horario, ruta y motor, recordando que en pleno 2026, el abasto sigue siendo una batalla cotidiana.v