El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, reiteró la postura de su país respecto a la clasificación de los principales cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, al participar en un evento conmemorativo por los atentados ocurridos el 11 de septiembre de 2001.
Durante el acto, el diplomático estadounidense defendió la decisión de Washington de utilizar esta denominación para referirse a organizaciones dedicadas al tráfico de drogas y otras actividades criminales. Sus declaraciones se produjeron en el marco de una jornada destinada a recordar a las víctimas de los ataques terroristas perpetrados hace 25 años en territorio estadounidense.
La postura de Estados Unidos sobre los grupos criminales mexicanos forma parte de una estrategia que busca ampliar las herramientas de las autoridades estadounidenses para combatir a organizaciones consideradas una amenaza para la seguridad nacional.
La designación ha generado diferencias entre ambos gobiernos debido a las implicaciones que puede tener en materia de seguridad y cooperación bilateral. Mientras Washington sostiene que determinados grupos criminales representan una amenaza que justifica medidas adicionales, México ha mantenido su posición de cooperación con Estados Unidos bajo principios de respeto a la soberanía nacional.
La discusión se desarrolla además en un contexto de colaboración entre ambos países para enfrentar problemas relacionados con el tráfico de drogas, el ingreso de armas a México y las actividades de organizaciones criminales que operan a ambos lados de la frontera.
El señalamiento de Johnson ocurre mientras los gobiernos de México y Estados Unidos mantienen mecanismos de coordinación en materia de seguridad, intercambio de información y combate al crimen organizado.
La conmemoración del 11 de septiembre sirvió así como escenario para que el representante diplomático estadounidense reafirmara la posición de su gobierno respecto a los cárteles mexicanos y su consideración dentro del marco de amenazas terroristas.
Las declaraciones vuelven a colocar sobre la mesa uno de los asuntos más sensibles de la relación bilateral, particularmente por las diferencias existentes en torno al alcance que deben tener las acciones de seguridad y la manera en que ambos países deben enfrentar a las organizaciones dedicadas al narcotráfico.
El tema continuará formando parte de la agenda bilateral, en medio de los esfuerzos de México y Estados Unidos por mantener la cooperación en seguridad sin dejar de lado sus respectivas posiciones sobre soberanía y jurisdicción.