En una ceremonia cargada de emoción y simbolismo, Grecia Quiroz García tomó protesta como alcaldesa de Uruapan, Michoacán, dispuesta a continuar el proyecto político y social de su esposo, el fallecido presidente municipal Carlos Manzo. El Congreso del Estado fue el escenario donde la nueva mandataria aseguró que su administración mantendrá vivas las causas que su pareja defendió, con un llamado firme a no rendirse frente a la violencia que golpea a la región.
“Carlos Manzo no quedará en el olvido; se llevaron a un líder”, dijo con voz entrecortada. “Les pido que no decaigamos, que sigamos firmes y unidos, como él nos lo decía”. Su mensaje resonó entre legisladores, simpatizantes y funcionarios, en un contexto donde la política local aún intenta sobreponerse al impacto del crimen que arrebató la vida del alcalde semanas atrás.
La llegada de Quiroz al Congreso fue también un reflejo del clima de inseguridad que atraviesa Michoacán. Lo hizo escoltada por la Guardia Nacional y a bordo de una camioneta blindada, una imagen que resume la tensión que rodea la vida pública en el estado y la fragilidad de sus liderazgos locales.
Con mandato hasta 2027, Grecia Quiroz enfrenta el reto de gobernar una de las ciudades más golpeadas por la violencia en el occidente del país. Su promesa —seguir el legado de Manzo con la misma convicción social que lo caracterizó— marca el inicio de una etapa donde la política y el duelo se entrelazan en la esperanza de reconstruir el tejido de Uruapan desde la memoria y la resistencia.