El rugido de los motores se convirtió este miércoles en un grito de justicia. Transportistas de distintas organizaciones recorrieron las avenidas de Uruapan para exigir el esclarecimiento del asesinato del alcalde independiente Carlos Manzo, ocurrido días atrás. La caravana, más que una protesta, fue una despedida colectiva y una llamada urgente por paz en una región golpeada por la violencia.
Desde temprano, decenas de unidades partieron del Paseo de La Revolución y avanzaron por Lázaro Cárdenas y Juárez hasta el corazón del Centro Histórico. Allí, frente al sitio donde Manzo Rodríguez fue asesinado, los participantes detuvieron sus camiones y colocaron una ofrenda floral. “Tu legado sigue y seguirá siempre, Carlos Manzo”, se leía en la lona colocada al frente de un tráiler, reflejo del sentimiento compartido entre quienes lo consideraban un aliado del gremio.
Durante el recorrido, la ciudad se paralizó por casi una hora. Algunos automovilistas detenían su marcha para observar el paso de los convoyes adornados con moños negros. Roberto Heredia, representante de la Asociación de Camioneros Unidos, recordó al edil como un hombre cercano y comprometido con los trabajadores del volante. “Hoy nos toca a nosotros exigir justicia y pedir que esto no quede impune”, expresó con la voz entrecortada.
La movilización transcurrió sin incidentes, envuelta en un ambiente de respeto y duelo. Para los transportistas, la jornada fue un acto de memoria y resistencia: un recordatorio de que la violencia no solo arrebata vidas, sino también liderazgos que creían posible transformar su comunidad desde la honestidad y el trabajo.