México se colocó entre las economías más afectadas por el incremento internacional de los combustibles asociado a la crisis en el estrecho de Ormuz. Entre marzo y agosto, el país registró un impacto neto estimado en 2 mil 500 millones de dólares, de acuerdo con un análisis del Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA).
El efecto estuvo relacionado principalmente con el aumento en los precios de los productos petrolíferos refinados. Durante el periodo analizado, la gasolina alcanzó un promedio de 133 dólares por barril, mientras que el diésel y el gasóleo llegaron a 161 dólares, niveles superiores a las previsiones formuladas antes del conflicto.
La presión sobre las importaciones mexicanas alcanzó distintos tipos de combustibles. El país desembolsó alrededor de 4 mil 705 millones de dólares adicionales por compras de diésel, gasolina, turbosina y gas natural, aunque parte de ese incremento fue compensado por mayores ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo crudo.
Las ventas de crudo generaron aproximadamente 2 mil 900 millones de dólares adicionales, por lo que el impacto negativo sobre la balanza energética mexicana se redujo a unos mil 804 millones de dólares, según las estimaciones del organismo especializado.
El sector aéreo también resintió el encarecimiento de la energía. México acumuló costos adicionales netos por unos 600 millones de dólares asociados al combustible utilizado por las aerolíneas, reflejo de cómo la volatilidad internacional terminó trasladándose a distintas actividades económicas.
A escala mundial, el CREA calculó que los países importadores de combustibles fósiles enfrentaron aproximadamente 330 mil millones de dólares en costos adicionales durante los seis meses posteriores al inicio de la guerra en Medio Oriente. China, India y Japón estuvieron entre las economías con mayores afectaciones.