La rutina regresó de golpe entre los pasillos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Por instrucciones de las diferentes direcciones, ocho facultades del campus poniente, retomaron las clases en las aulas durante este miércoles, pese a que no existió una conversación ni propuestas de las autoridades, más allá de las esquelas, para reparar lo ocurrido.
Un día antes, a pocas horas de que inició la jornada, un joven estudiante falleció dentro de las instalaciones, presuntamente por un suicidio.
Desde la mañana, comenzaron a escucharse las oraciones que ofrecían los estudiantes en acompañamiento por la pérdida de su compañero, Santiago González González. Y gradualmente, las instalaciones volvieron a pintarse, aunque esta vez, de un solo color.
Amarillo.
En medio del mes de la concientización para la prevención del suicidio, el color del sol toma el significado de la esperanza y lo transforma en vida. Un símbolo que salpicó entre pequeños detalles colocados frente a la torre de ingeniería de aquel plantel; flores de papel, cartas, listones, peluches y también rosarios.
Todos, con una dedicatoria de despedida para Santiago.
El acto solidario que arribó con el pésame no discriminó entre licenciaturas, algunos grupos colocaban ofrendas entre mujeres y hombres de estomatología, enfermería, artes, arquitectura, diseño e ingenierías.
Incluso los estudiantes también reconocieron el esfuerzo de otros compañeros en distintos campus que estuvieron presentes durante unos instantes para encender una veladora y expresar sus condolencias.
"Muchas flores se veían personalizadas... Y ya habían nombres, velas a las que les pusieron los nombres... También había una cruz de cal y varias velas formadas en cruz... Muchas fueron manualidades, todo se sintió humano, éramos un grupo muy grande de hábitat pero luego también se reunieron otros tipos de grupos como de otros lados, justo a lo mismo, a rezar, a pedir, a dejar... Hubo momentos muy lindos", describieron en un recorrido respetuoso, dos estudiantes de la Facultad del Hábitat.
Este homenaje se sintió, quizá, más cálido que la noche anterior, cuando en la entrada de la Facultad de Ingeniería un grupo más reducido de personas inició con el primer rosario.
La consternación aún era demasiado reciente en ese momento, no obstante, aquello no impidió que entre hermanos y hermanas de generación voltearan a verse a los rostros como para decir: "yo te reconozco, te acompaño y te abrazo".
Pero hoy, aunque el aire es menos gélido, también retomó una ligera fuerza, ya que en su andar también se escucha la voz de la exigencia.
"Necesitamos protocolos claros, la improvisación no puede ser la respuesta, prevenir también es cuidar", apareció escrito en un cartel pegado sobre paredes imponentes.
Parece casualidad pero no lo es, pues entre los jóvenes ya se ha vuelto costumbre que sus necesidades se topen con pared.
Mientras tanto, afuera, la sociedad resultó dividida en dos. Por un lado, algunos insistieron en que la salud mental no puede ser un privilegio y por esto, las instituciones educativas deberían prestar servicios de atención integral para sus estudiantes.
Desde el extremo opuesto, otros adultos argumentaban que en la vida diaria, algo más tenía que estar mal, o preocupar, o alterar a los jóvenes para considerar atentar contra sus vidas.
Lo cierto es, que ninguna de las anteriores opciones puede ser desacreditada, ya que, en el último reporte de la Estadística de Defunciones Registradas (EDR) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), San Luis Potosí aparece entre las primeras tasas de suicidios con 9.5 defunciones por cada 100 mil habitantes.
Y de acuerdo con el reporte estadístico, a nivel nacional, los grupos entre 25 a 34 años y de 15 a 24 años concentraron los dos mayores porcentajes de defunciones, por encima del 20 por ciento. De estas, el INEGI también reveló que por cada suicidio cometido por una mujer, cuatro hombres más se quitan la vida.
La vida, la vida, la vida. ¿Qué es una vida? Los estudiantes tienen la respuesta de lo que no es.
"No somos un número más en la lista... Exigir también es cuidar". Y ni yo, ni la sociedad, ni la autoridad académica podemos ir encontra de esa colosal verdad.
Las actividades se reanudaron, pero la UASLP no vive un día más con normalidad desde hace mucho tiempo. Y hasta que no se reconozca, ni se tomen las medidas necesarias para comprender que esto nos involucra a todos, no podremos avanzar.
Más allá de las esquelas y las propagandas que cuelgan de sus bardas, la máxima casa de estudios y la sociedad, necesitan escuchar.