Todos hemos tenido a un amigo incondicional, un ser que nos acompaña a todos lados, nos saluda cuando llegamos a casa y nos ofrece su cariño sin excepciones, y no hablo precisamente de una persona.
Querido lector, en los últimos capítulos hemos abordado diferentes temas relacionados con salud mental y psicología, sin embargo, hoy me gustaría platicar de un fenómeno que se ha hecho verdaderamente fuerte con el paso de los años: los perrhijos. ¿Tiene consecuencias humanizar a nuestras mascotas?
¿Por qué en muchas ocasiones en vez de regalarle un juguete a un niño pequeño, optamos por obsequiarle un cachorro? Sabiendo que este es un ser vivo que necesita de cuidados y atención, ¿De dónde se deriva el amor que les profesamos a tal grado de tratarlos como un miembro más de nuestra familia?
Esto mismo puede confirmarse con una encuesta realizada por la Asociación Estadounidense de Productos para Mascotas (APPA), en el último mes de mayo, donde el 81% del público perteneciente a la generación millenial, admitió querer más a su perro o mascota, que a otro miembro de su propia familia.
Gran parte del cariño que implantamos en ellos, tiene que ver con los grandes beneficios que brinda su compañía, el psicoterapeuta Carlos Sánchez, comenta que los perros pueden ayudarnos significativamente a compartir nuestras emociones, mientras que por otra parte el psicólogo y etólogo Angel Casellas, pone sobre la mesa que los perros son capaces de dar un amor infinito a los seres humanos sin pedir casi nada a cambio, lo que genera querer recompensarles.
A pesar de esto, ¿cuál es límite de tratar a un perro como si fuera una persona?; en ocasiones el mismo amor que le damos a una mascota, no únicamente a los perros, puede llegar a ser demasiado a tal punto que humanizamos su existencia, y aunque esto se haga desde un lugar de afecto, debemos preguntarnos si sería lo correcto.
Una de las consecuencias presentes según Abraham Torres, entrenador de perros, es que al encontrarse un apego excesivo entre la mascota y su cuidador, el animal puede llegar a perder su sentido de superviviencia y por su parte desarrollar dependencia hacia su dueño, lo cual en algún momento terminará por generarle ansiedad, misma que es mejor conocida como “ansiedad por separación”, en donde a la mascota le es imposible estar sola o incluso estar en compañía de alguien más que no sea su dueño.
Mencionar ambas partes y ambas caras de la moneda, es importante para entender el significado de tener un balance en el cuidado de nuestras mascotas, si bien darles amor y atención será vital para su desarrollo, también lo será permitirles una independencia en la que puedan valerse por si mismos y seguir su propio instinto, sin tratar de asfixiarlos o humanizarlos tratando de quitarles su supervivivencia animal, lo cual los hará relacionarse de una manera equilibrada con su ambiente y el mundo.
Los perros han sido una de las criaturas que han acompañado al hombre miles de años atrás; es verdaderamente satisfactorio darnos cuenta de la concientización que está teniendo la sociedad acerca de brindarles un hogar lleno de amor y condiciones óptimas para su crecimiento, sigamos fomentando lugares en donde puedan ser valorados y se les de una vida digna, proporcionándoles de igual forma su libertad, sin tratar de asemejarlos a nosotros, si bien si dándoles el cariño que necesitan, también permitiéndoles experimentar su propia vida como animales.
“Que el amor no sea una prisión, sino un cielo abierto donde podamos volar en libertad”.
- Nochedeletras