Querido lector, probablemente has llegado a conocer a una persona que cuando está enojada, levanta la voz o dice ciertas cosas verdaderamente hirientes, actitudes que probablemente no entiendes, como si de alguna manera desconocieras a la otra persona, bueno, esto tiene una razón de ser, y el psicólogo Daniel Coleman la llamó “El secuestro de la amígdala”.
Pero, ¿qué significa esto? En pocas palabras, el secuestro de la amígdala es una respuesta emocional intensa e incontrolable que nos hace reaccionar de forma exagerada ante una situación determinada. El doctor en psicología Rafael Salas Muriel lo define como una ausencia momentánea de control, donde la persona actúa impulsivamente y una vez que el episodio ha pasado, suele experimentar arrepentimiento. Dentro este capítulo de mi columna, me basaré en gran parte en el trabajo y aportación del doctor Salas.
Como anteriormente comentamos, el término de “El secuestro de la amígdala” fue acuñado por el psicólogo Daniel Coleman, quien basó sus estudios referentes al tema en el trabajo de Joseph LeDoux, neurocientífico y profesor de neurociencia y psicología en la Universidad de Nueva York, demostrando que hay emociones que viajan del tálamo del cerebro a la amígdala, sin pasar por ciertas regiones cerebrales como el neocórtex, que es el encargado del razonamiento, la toma de decisiones y el pensamiento abstracto.
Normalmente, el tálamo recibe los estímulos del entorno y los envía al hipocampo, donde se almacenan los recuerdos y experiencias previas. Desde allí, la información pasa al neocórtex para analizarse y tomar una decisión racional, sin embargo, cuando ocurre un "secuestro de la amígdala", la información toma un atajo y llega directamente a la amígdala, activando una respuesta de "lucha, huida o congelación" sin que haya un análisis racional previo.
En otras palabras, podríamos decir que el “secuestro de la amígdala” o bien un secuestro emocional, es una especie de cortocircuito que evita todo el proceso racional, generando una reacción desproporcionada.
Este mecanismo es una herencia evolutiva. Hace miles de años, permitió a nuestros ancestros reaccionar rápidamente ante depredadores y otras amenazas. Sin embargo, en la actualidad, donde no nos enfrentamos a peligros de vida o muerte de manera constante, el secuestro de la amígdala sigue activándose ante situaciones de estrés, conflicto o frustración, provocando respuestas desproporcionadas.
Un aspecto interesante de este fenómeno, como lo mencionamos al inicio, es el sentimiento de culpa o arrepentimiento que suele aparecer después de la explosión emocional. Según el doctor Salas, esto ocurre porque una vez que los niveles de adrenalina y cortisol disminuyen, el neocórtex retoma el control y nos permite analizar con más claridad lo que ha sucedido. En ese momento, podemos darnos cuenta de que nuestra reacción fue exagerada o injustificada.
Pero, si hemos llegado a pasar por una situación de este tipo y hemos identificado que nuestras reacciones y respuestas no son sanas, ¿Cómo podemos evitar que nuestras emociones nos dominen? Según el trabajo del doctor Rafael Salas Muriel, existen diversas técnicas que ayudan a controlar “el secuestro de la amígdala”. Una de las más conocidas es la técnica de "contar hasta diez" o respirar profundamente antes de responder ante una situación estresante. Esta estrategia funciona porque permite que el neocórtex se active y recupere el control antes de que la amígdala tome las riendas por completo.
Sin embargo, si experimentas este tipo de reacciones con frecuencia, puede ser necesario adoptar estrategias de autocontrol más profundas. El primer paso, según el doctor Salas, siempre será reconocer que tiendes a sufrir episodios de “secuestro de la amígdala” y analizar qué situaciones los desencadenan. Después, puedes trabajar en la gestión del estrés y la regulación emocional mediante técnicas como la meditación, la atención plena (mindfulness) y la terapia psicológica.
Si sientes que tus reacciones emocionales afectan tu vida personal, laboral o social, buscar ayuda profesional puede ser una opción importante. Un psicólogo puede ayudarte a identificar las causas de tu respuesta emocional y enseñarte herramientas específicas para gestionar mejor tus emociones.
Es importante, querido lector, recordar que este espacio es un lugar donde mi objetivo radica en que juntos vayamos comprendiendo de mejor forma nuestro cerebro y cómo influye en nuestra salud mental. Todo lo que comparto está basado en investigaciones de sitios web especializados en psicología, así como con profesionales de la salud mental, pero nunca podrá sustituir la atención de un profesional. Si crees que necesitas apoyo, acércate a un especialista.
Comprender el “secuestro de la amígdala” y otros procesos cerebrales nos ayuda a mejorar nuestra inteligencia emocional, tomar mejores decisiones y responder de manera más equilibrada ante los desafíos de la vida. Nuestro cerebro es una máquina fascinante que merece ser cuidada y entendida, y sin duda, el autoconocimiento es el primer paso para cuidar de él.