El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha prometido “devolver el azúcar” a la Coca-Cola estadounidense, provocando revuelo en la industria de alimentos y bebidas. El refresco, que desde los años 80 utiliza jarabe de maíz de alta fructosa como endulzante, podría enfrentar un cambio radical en su fórmula si la compañía atiende el llamado del mandatario. Hasta el momento, Coca-Cola no ha confirmado la modificación, pero sí agradeció públicamente el “entusiasmo” presidencial.
El anuncio sacudió tanto a los productores de maíz como a los consumidores. Mientras Trump celebraba la idea como parte de su visión por una América más saludable, expertos y asociaciones agrícolas advierten que el regreso al azúcar de caña podría afectar miles de empleos y aumentar las importaciones. John Bode, director de la Asociación de Refinadores de Maíz, calificó la idea como “sin sentido”, alertando sobre sus posibles consecuencias económicas y comerciales.
En paralelo, PepsiCo se mostró abierto a considerar el cambio. Su director ejecutivo, Ramon Laguarta, reconoció la oportunidad para incorporar caña de azúcar a sus productos, aunque señaló que el precio del azúcar en EE.UU. es significativamente más alto que en otros países. Propuso una estrategia agrícola que permita reducir costos y facilitar una transición en la industria de bebidas.
La popular Coca-Cola mexicana, elaborada con azúcar de caña, podría ganar aún más terreno en el mercado estadounidense ante esta discusión. Desde 2005, se ha posicionado como una alternativa “auténtica” y ha generado una especie de culto entre consumidores que defienden su sabor superior. La controversia actual reabre el debate sobre la calidad, la salud y el verdadero sabor del refresco más emblemático del mundo.