El grito rasgó el aire como un cuchillo: “¡Papá, me pegaron!”. Fue el alarido desesperado de una mujer herida, pero también el eco de una escena que marcará por mucho tiempo a Ciudad Evita. La voz pertenecía a Jésica Janet Britez, oficial de la Policía Federal Argentina, que acababa de ser baleada en un tiroteo con cuatro delincuentes que intentaron asaltarla mientras estaba con su hijo de nueve años y su padre.
El hecho ocurrió el jueves 31 de julio, en plena tarde. Un intento de robo que derivó en una feroz balacera a cielo abierto. Las imágenes de una cámara de seguridad registraron lo ocurrido. Pero más allá del video viral, quedó una historia de coraje, reflejos y dolor.
Pasaban pocos minutos de las 16:30. Britez, de 36 años, había detenido su auto en la esquina de El Deslinde y El Guaycurú. El vehículo tenía una falla mecánica. Estaba acompañada por su padre, de 61, y por su hijo, que viajaba en el asiento trasero.
Entonces, un auto blanco se detuvo a pocos metros. Tres hombres descendieron con armas visibles y una intención sin matices: robar. En cuestión de segundos, la calle se convirtió en escenario de un enfrentamiento a sangre fría.
Britez actuó como lo haría en servicio, aunque estaba de civil. Desenfundó su arma reglamentaria, dio la voz de alto y abrió fuego. La respuesta fue inmediata: una lluvia de balas. En medio del tiroteo, la oficial recibió un disparo en el costado derecho del tórax. A pesar de la herida, logró impactar a uno de los agresores, que más tarde sería abandonado frente al Hospital Santamarina de Monte Grande.