Por Redacción Contra Réplica

Áreas verdes en San Luis Potosí, la urgencia ambiental que ya alcanzó a la ciudad

Especialistas advierten que la pérdida y mala gestión del arbolado urbano está intensificando el calor, la escasez de agua y el deterioro ambiental en la zona metropolitana.

La Zona Metropolitana de San Luis Potosí ya muestra señales claras de una crisis ambiental que dejó de ser un escenario futuro. Así lo plantea el investigador Renato Ramos Palacios, de la Facultad del Hábitat de la UASLP, quien desde la ecología del paisaje y el estudio del microclima urbano alerta sobre un deterioro progresivo ligado a la desaparición de áreas verdes y a decisiones urbanas que han privilegiado el crecimiento sin planeación ambiental.

El aumento sostenido de temperaturas, las lluvias cada vez más irregulares y la presencia recurrente de ondas de calor son indicadores que, desde la ciencia, confirman un desequilibrio en la ciudad. Frente a ello, el debate sobre qué tipo de vegetación debe predominar —especies del semidesierto o una mayor cobertura arbórea— suele plantearse como una dicotomía falsa. La evidencia científica apunta a una combinación inteligente: preservar flora regional, pero también reforzar el arbolado urbano como una herramienta de mitigación climática.

Uno de los efectos más graves de la pérdida de vegetación se refleja en el agua. La expansión urbana sobre zonas naturales, como ocurrió en áreas vinculadas a la Sierra de San Miguelito, redujo espacios de infiltración y recarga, obligando a la ciudad a buscar el recurso hídrico cada vez más lejos y a mayor profundidad. Este proceso no solo encarece el acceso al agua, sino que compromete su disponibilidad a largo plazo.

Los estudios realizados en parques emblemáticos como Tangamanga I, Tangamanga II y Morales revelan un potencial ambiental desaprovechado: amplias superficies con escaso arbolado limitan la capacidad de estos espacios para reducir temperatura, capturar carbono y mejorar la calidad del aire. Para Ramos Palacios, la solución no es estética ni opcional. La vegetación urbana debe asumirse como infraestructura ambiental estratégica, cuya protección y expansión requieren coordinación institucional, aplicación real de la normativa y una visión colectiva sobre el futuro habitable de la ciudad.