Aunque el discurso oficial ha insistido en que la Reforma Fiscal 2026 introdujo ajustes menores, en la práctica sus efectos ya se sienten en la economía cotidiana. Así lo explicó Juan Antonio Zapata Zapata, director de la Facultad de Contaduría y Administración de la UASLP, quien señaló que varias disposiciones aprobadas a finales de 2025 tienen un claro enfoque recaudatorio y comenzaron a aplicarse desde el 1 de enero.
Uno de los cambios más sensibles es el aumento en la tasa de recargos para quienes incumplen con el pago de impuestos, que ahora alcanza 2.07 por ciento mensual. Este nivel, advirtió el académico, supera el costo de muchos créditos bancarios y convierte cualquier retraso en una deuda que puede crecer rápidamente, afectando tanto a personas físicas como a pequeños negocios.
En paralelo, la autoridad fiscal endureció la vigilancia sobre el uso de facturas digitales. La detección de comprobantes apócrifos no solo puede derivar en sanciones, sino en la cancelación de sellos digitales de empresas y socios, lo que prácticamente paraliza la operación de un negocio al impedirle facturar y cumplir con sus actividades comerciales.
La reforma también impacta al consumo: se duplicó el impuesto al tabaco, se incrementó el gravamen a bebidas azucaradas y se elevó la carga fiscal en apuestas y vapeadores. Aunque estas medidas se justifican por razones de salud y control, especialistas advierten que el efecto inmediato recae en los consumidores y abre nuevos retos para la economía familiar y la formalidad fiscal en un entorno cada vez más estricto.